Día 1
Hoy el Padre nos confronta con algo sencillo pero determinante: no se trata solo de entender; se trata de recibir. Hay una diferencia profunda entre escuchar una palabra y permitir que esa palabra entre, se asiente y gobierne. Cuando recibes, no solo cambia tu interior; se abre un movimiento espiritual que alcanza tu casa.
El mensaje fue claro: deja de vivir diciendo “si ellos estuvieran aquí”. Mientras tú recibes con gratitud, mientras tú te posicionas como hijo y no como espectador casual, algo está pasando aunque no lo veas. A veces parece que allá lejos no ocurre nada, pero en el alma de los tuyos el Padre está trabajando. Tu decisión de recibir se vuelve una puerta. Tu determinación establece un ambiente.
Esta es una casa intencional. El Padre está cerrando el tiempo de lo casual. Lo casual no puede sostener lo que Él quiere manifestar. Recibir no es emoción, es postura. Es decir: “Padre, hoy me pongo en el lugar correcto. Hoy tu voz tendrá peso. Hoy tus tesoros no pasarán de largo.”
Aplicación práctica:
Hoy, antes de hablar de alguien en tu casa, declara en voz audible: “Yo recibo, y mi casa recibe conmigo.” Repite esa frase tres veces con gratitud.
Oración al Padre:
Padre, hoy me posiciono como hijo para recibir. Quita toda distracción de mi mente. Yo recibo tu voz, y declaro que mi casa recibe conmigo. Amén.
